DESGARRO & TIEMPO
Desgarro
¿Quien te ha dado derecho?¿Quién te ha autorizado a torturarme de este modo?¿Porqué me tratas así?¿Porqué muestras esa indómita indiferencia, no podrías simplemente odiarme?¿Porqué esa frialdad?¿Porque sufragas mi dolor con hielo espiritual?¿Acaso la moral de tu alma se encuentra lapidada en el continente helado, o peor aún, es inexistente?¿Quién te ha dado derecho a robarme el hermoso mundo del color y del movimiento?
No tenías derecho, no debías detener las mareas rosadas de mi corazón, no tenías porque arrancarme hasta la última gota de luz; ¿No hubiera sido más fácil acabar de un disparo con esta torre en ruinas en que me he convertido? No tienes derecho a negarme mi sitio en los lodos de Malebonge justo entre Gilles de Reitz y el marqués de Sade con tu insufrible indiferencia, con tu frialdad infinita.
¡Maldito sea tu nombre!¡Maldita seas!
Y sin embargo te amo.
Tiempo
Me costaba mucho no tropezar mientras corría a través de aquella niebla. No se trataba de una especialmente cerrada, era más bien una neblina, pero la oscuridad de la noche y las nubes que cubrían la luna dificultaban mucho la visión. Me encontraba huyendo...huyendo de algo.
No podía dar un paso sin escuchar en mi mente la palabra "tiempo". Una y otra vez aquel sustantivo se repetía en mi cabeza, me atormentaba. No podía más y sin embargo cada vez corría más deprisa. A mi espalda podía sentir un aliento cálido, húmedo. Sentí como se erizaba el vello de todo mi cuerpo. Apenas podía respirar, más por la angustia que por el cansancio. En medio de aquella oscuridad, callejón tras callejón, podía sentir como las lágrimas me abrasaban los ojos. "Tiempo"...no podía sacarme la palabra de la cabeza...Algo me sujetó por la espalda, sin embargo no impidió mi carrera, penetró en mí y continuó conmigo. Entonces supe que aquel aliento repugnante era el del dolor.
Paso a paso seguía aumentando la velocidad y aquella voz en mi cabeza había pasado del susurro al grito. Y de pronto mi corazón dejó de latir, la niebla se disipó, las nubes dejaron paso a una luna llena y plateada y una figura apareció frente a mí, al otro lado de una barrera invisible, pero inusitadamente sólida. Fue entonces cuando entendí que no estaba huyendo, sino persiguiendo algo. Persiguiéndote a ti; y supe que la barrera era el tiempo, aquel abismo que nos separa.
Después desapareciste, cayó la niebla, se ocultó la luna, desapareció la luz y encontré la muerte.
¿Quien te ha dado derecho?¿Quién te ha autorizado a torturarme de este modo?¿Porqué me tratas así?¿Porqué muestras esa indómita indiferencia, no podrías simplemente odiarme?¿Porqué esa frialdad?¿Porque sufragas mi dolor con hielo espiritual?¿Acaso la moral de tu alma se encuentra lapidada en el continente helado, o peor aún, es inexistente?¿Quién te ha dado derecho a robarme el hermoso mundo del color y del movimiento?
No tenías derecho, no debías detener las mareas rosadas de mi corazón, no tenías porque arrancarme hasta la última gota de luz; ¿No hubiera sido más fácil acabar de un disparo con esta torre en ruinas en que me he convertido? No tienes derecho a negarme mi sitio en los lodos de Malebonge justo entre Gilles de Reitz y el marqués de Sade con tu insufrible indiferencia, con tu frialdad infinita.
¡Maldito sea tu nombre!¡Maldita seas!
Y sin embargo te amo.
Tiempo
Me costaba mucho no tropezar mientras corría a través de aquella niebla. No se trataba de una especialmente cerrada, era más bien una neblina, pero la oscuridad de la noche y las nubes que cubrían la luna dificultaban mucho la visión. Me encontraba huyendo...huyendo de algo.
No podía dar un paso sin escuchar en mi mente la palabra "tiempo". Una y otra vez aquel sustantivo se repetía en mi cabeza, me atormentaba. No podía más y sin embargo cada vez corría más deprisa. A mi espalda podía sentir un aliento cálido, húmedo. Sentí como se erizaba el vello de todo mi cuerpo. Apenas podía respirar, más por la angustia que por el cansancio. En medio de aquella oscuridad, callejón tras callejón, podía sentir como las lágrimas me abrasaban los ojos. "Tiempo"...no podía sacarme la palabra de la cabeza...Algo me sujetó por la espalda, sin embargo no impidió mi carrera, penetró en mí y continuó conmigo. Entonces supe que aquel aliento repugnante era el del dolor.
Paso a paso seguía aumentando la velocidad y aquella voz en mi cabeza había pasado del susurro al grito. Y de pronto mi corazón dejó de latir, la niebla se disipó, las nubes dejaron paso a una luna llena y plateada y una figura apareció frente a mí, al otro lado de una barrera invisible, pero inusitadamente sólida. Fue entonces cuando entendí que no estaba huyendo, sino persiguiendo algo. Persiguiéndote a ti; y supe que la barrera era el tiempo, aquel abismo que nos separa.
Después desapareciste, cayó la niebla, se ocultó la luna, desapareció la luz y encontré la muerte.

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